Acercamiento a los modelos arquitectónicos, funcionales y productivos generales y de imitación de una ínsula alfarera en Lucus Augusti (resumen)

Acercamiento a los modelos arquitectónicos, funcionales y productivos generales y de imitación de una ínsula alfarera en Lucus Augusti 

ACERCAMIENTO A LA TOPOGRAFÍA URBANA Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA

Tras la victoria romana en las guerras cántabras, Lucus Augusti, junto con Bracara y Asturica se erigen, dentro de los planes organizativos de Octavio Augusto para el NW peninsular, como centros de nueva fundación destinados a albergar sedes administrativas y políticas, cabezas de los respectivos ámbitos territoriales y jurisdiccionales. Al tiempo, se convierten también en cabeceras económicas y puntos de partida para la acción romanizadora en contornos más o menos inmediatos.
Ya desde su fundación, se situaría como una ciudad preponderante administrativa y como sede de la autoridad, cuya influencia debió hacerse sentir tempranamente en los contornos inmediatos, como por ejemplo en Agra dos Castros, yacimiento castreño ubicado a escasos 1500 metros de la ciudad romana y que después de su primera fase de ocupación prerromana, en su segunda etapa constructiva de época julio-claudia, muestra un cambio repentino en las técnicas de construcción de los espacios habitacionales, apareciendo por primera vez materiales de época romana, entre ellos un denario de Tiberio.

RASGOS BÁSICOS DE LOS TALLERES LOCALIZADOS Y SU PRODUCCIÓN

La plasmación arqueológica de esta actividad son los numerosos hornos aparecidos, 35 altoimperiales y 8 bajoimperiales, y las innumerables fosas de extracción de arcilla, popularmente denominadas “barreiras”, colmatadas muchas de ellas con abundantes materiales de desecho, con deformaciones varias, restos de las cochuras, etc., así como otros elementos relacionados como patios porticados utilizados posiblemente como zonas de secadero, plazas abiertas pavimentadas con cantos rodados que pudiera entenderse como zona de tránsito del alfar, secadero, para facilitar su aprovisionamiento o, acaso, también como zona de carga. Junto a ello, grandes canales de agua, pozos, algunas piletas de decantación, etc, aunque desgraciadamente, y a pesar de contar con estos valiosos datos, de los talleres aparecidos no se ha localizado ningún complejo al completo dado el carácter parcial de las intervenciones, realizadas todas ellas en suelo urbano. Si bien sus características han sido brevemente resumidas en trabajos anteriores, queremos añadir que cada vez parece más evidente que su consideración de complejos parece la más acertada, habida cuenta de la multitud de estancias que los componen, necesarias para las diversas exigencias y fases de la actividad alfarera.
Esta industria produciría grandes excedentes, en su mayoría platos engobados, que aparecen en grandes cantidades dentro de los niveles de abandono en el interior de los hornos, y cuyo alcance geográfico sería, cuando menos, regional, concentrado mayoritariamente en el territorio bajo la jurisdicción de esta capital, satisfaciendo las necesidades de la propia ciudad y su entorno inmediato.

FASES DE PRODUCCIÓN 

En el devenir de esta industria se observan algunas fases productivas. Se ha de advertir, en
primer lugar, que pocos son los indicios inmuebles que testimonian esta barriada en sus inicios. La mayor parte de los hornos, fosas y dependencias fabriles localizadas nos muestran, por el contrario, los últimos momentos de su actividad, ya bien avanzado el siglo IV d.C.. No obstante, algunos testimonios estratigráficos y materiales permiten suplir esta deficiencia.
El volumen productivo de estos primeros talleres resulta desconocido, pero sí se ha de indicar que, en cualquier caso, a partir de este momento es suficiente para que la CCR local cope casi absolutamente el mercado y satisfaga todas las necesidades y, probablemente, den inicio los primeros intercambios comerciales (como hemos podido comprobar en el reciente estudio de la cerámica del castro minero de Santa María de Cervantes, en los Ancares lucenses, con una importante muestra de cuencos ES1 de producción lucense).
El nuevo abanico formal se amplía extraordinariamente con la entrada de formas abiertas, jarras y vasos, apenas representados en la etapa precedente. Formas, además, con un sentido funcional mucho más marcado y de más fácil determinación en razón de su forma, calidad de pasta, volumen, presencia/ausencia de decoración y máculas de carbonización. En este punto, se produce una clara diferenciación entre los elementos de cocina, directos, auxiliares, o de almacenaje y los de mesa, de más fina concepción y decorados. Asimismo, y dentro de la cerámica de mesa, se produce una diferenciación entre lo que podíamos llamar, el servicio indígena, el romano y el engobado. Los dos primeros coinciden en la similitud formal, ya que sus respectivos catálogos incluyen formas con diseños prácticamente similares. La diferenciación se atiene en este caso, al color de pasta y exterior y a la decoración. En el primer caso, nos encontramos ante piezas de color gris/negro con decoración espatulada, única técnica ornamental superviviente del legado indígena. En el otro, el servicio es de tonalidad ocre y con decoración única o combinada, de bandas pigmentadas y espatulados, según los casos. En esta diferenciación, y sobre todo, en la supervivencia de modelos “arcaicos” creemos ver no tanto un estricto “tradicionalismo” como una adaptación a la demanda dentro de un mercado con unas características particulares.
De esta manera, determinados recipientes del servicio de mesa, especialmente los vasos, tipos V1 y V2, tienen su raíz en formas indígenas. En estos mismos tipos de vasos, junto con otras formas, como las jarras tipo J1 y las ollas finas, tipos 012 y O13, encontramos, además, duplicidades formales con pasta y decoración de las variantes romanas e “indígenas”.


UN EJEMPLO PARTICULAR. LA EXCAVACIÓN DE LA C/ QUIROGA BALLESTEROS, No 8

En esta intervención, realizada en el año 2009, se pudo comprobar el afloramiento del substrato natural arcilloso, sobre todo en el sector este del solar, alternado con grandes manchas marrones que correspondían, como posteriormente se comprobó, a la colmatacion de diferentes fosas/minas de extracción de arcilla, asomando ocasionalmente algunos restos constructivos aislados y de escasa entidad que después demostraron ser estancias de trabajo. Además de ello, se documentaron los restos de tres hornos cerámicos. 
En cuanto a los resultados de la excavación de los diferentes rellenos que aparecían colmatando a esas fosas/minas, pudimos comprobar la utilización de algunas de ellas como escombreras, recuperándose abundante material, esencialmente cerámico. Se identificaron casi una docena de estas fosas de extracción de arcilla, popularmente conocidas como “barreiras”, para la obtención inmediata de la materia prima con que satisfacer, cuando menos de forma esporádica, la producción de este complejo alfarero. Ocupaban la práctica totalidad de la superficie del solar a excepción de la zona nor-noreste, donde se localizaba una especie de plataforma en el substrato natural, y en la que aparecía encastrado uno de los hornos, concretamente el no 1.
La tipología básica de estas fosas extractivas se concreta en cavidades de planta circular con perfil más o menos cóncavo, al igual que su planta, si bien, como pudimos comprobar, algunas de sus paredes eran también aconcavadas, provocado seguramente por la acción excavadora en busca de la veta buena de arcilla. En cuanto a su apertura, era el resultado de una acción directa cara al aprovisionamiento inmediato de materia prima, al que se tiene que añadir su consiguiente y no menos obligada amortización. 

HORNO 1
Fue localizado junto a la medianera del solar contiguo por el norte, por lo que su cimentación lo seccionó años atrás, posiblemente en los años 60-70 del pasado siglo XX; de ahí que se conservase únicamente un arco completo realizado en mampostería de pizarra y con la clave en granito, resultado del reaprovechamiento de un fragmento de catillus, así como los restos de un segundo arco, conservado esta vez sólo a nivel de arranques. La planta de la cámara de combustión, conservada también de forma parcial, respondía al modelo cuadrangular o rectangular, con unas dimensiones aproximadas de 1 m de longitud conservada, 90 cm de anchura, y 80-85 de profundidad.
La boca del praefurnium se abría hacia el NW, como en la práctica totalidad de los ejemplares de hornos alfareros localizados en Lugo, la fábrica era de mampostería de pizarra tomada con arcilla local, complementada con piezas de ladrillo, bessales, para el alzado de los arcos, por lo menos de los pilares. Igualmente, y como es habitual en nuestra ciudad, la cámara está encastrada en el zócalo natural, en este caso, por sus lados sur y este, mientras que por el oeste se encontraba cortando a un depósito anterior que aparecía colmatando una fosa de extracción de arcilla con restos cerámicos.

HORNO 2
Localizado en el centro de la intervención, anotamos que se encontraba muy deteriorado al verse afectado por la apertura de una de las fosas. Únicamente se conservaba un sector mínimo de su cierre trasero, cuyas características parecen indicar un horno, probablemente de planta ovalada o imperfectamente circular, de muy reducidas dimensiones, que tenía sólo conservaba una hilada de mampostería de pizarra, tomada con arcilla local y con la pared interior con una fina capa de arcilla rubefactada. En su interior se conservaba una fina capa de carbonización que únicamente aportó dos fragmentos de cerámica común sin forma definida. 

HORNO 3
Localizado también al pie de la medianera septentrional de la intervención, en el límite occidental de la misma, aunque en este caso se pudo recuperar en un más que aceptable estado de conservación toda la cámara de combustión, siendo esta de planta rectangular estrecha, de 1,80 m de longitud, casi 1 m de anchura y algo más de 60 cm de altura, con esquinales redondeados. En su interior se localizaron los ocho apeos afrontados, correspondientes a los cuatro arcos que sustentaban la parrilla, aunque estos últimos no se conservaron. Precedía a esta cámara un praefurnium en caja de unos 80 cm de longitud por 75 cm de anchura, abierto.
El fondo de la cámara venía definido por una gran losa granítica en posición central, flanqueada, hacia la pared trasera y la boca del praefurnium, por tégulas y piezas de pizarra alternantes. Un hecho sorprendente es que, a diferencia de los anteriores, abiertos en el zócalo natural, este se inserta en el depósito térreo que colmataba una de las fosas de fondo plano, lo que da idea del aprovechamiento espacial del medio, tanto a nivel de materia prima como de situación de las diferentes dependencias constructivas, según las necesidades.


ÁMBITOS DE TRABAJO
La cabecera del horno 1 se adosaba a un débil murete, o mejor dicho, a un segmento de muro de unos 45 cm de grosor, del que sólo se conservaban las dos hiladas inferiores, perpendicularmente, hacia el sur, se disponían además cuatro huecos de poste abiertos en el zócalo natural y alineados de forma longitudinal en sentido norte-sur, a intervalos más o menos regulares que nos hacen pensar en un sencillo sistema de cierre mediante materiales lígneos, a modo de un posteado que sirviese como divisoria, cierre, o apoyo para una cubrición, de alguna estancia auxiliar en madera. Todo este conjunto se alzaba sobre la ya mencionada plataforma horizontal, exenta de fosas para la extracción de arcilla, y en la que además se documentó un corte, realizado también en el zócalo natural, de forma circular en planta, con unos 60 cm de diámetro, y otra perforación en su interior, también circular, en el centro de la misma, de unos 15 cm de diámetro que bien podría tratarse, tal y como nos muestran los numerosos paralelos encontrados, sobre todo en Francia, de los restos de la fosa para la instalación del torno.
Finalmente, la conclusión más evidente es el descubrimiento de estos tres hornos inmersos dentro de la estructuración espacial de un taller artesanal dedicado a la producción alfarera,
incluido, por su parte, en el marco de la zona industrial periurbana que ocupaba las bandas
septentrional y oriental de la ciudad romana de Lucus Augusti a partir de época flavia, centrándose en este caso el lapso cronológico de la producción entre mediados del siglo II y las primeras décadas de la cuarta centuria, alrededor de dos siglos por lo tanto.

A MODO DE CONCLUSIÓN GENERAL
Ciertamente es mucho lo que se ha avanzado en el conocimiento de Lucus Augusti en los últimos tiempos. Así, a los bien conocidos aspectos monumentales podemos añadir ahora otra nueva visión, que se está empezando a esbozar y que señala líneas de futuras investigaciones: el de centro de poder administrativo, centro político, centro de distribución/producción alfarera, y por lo tanto, centro económico. Bien puede ser este el resumen de nuestra intervención. Una ciudad situada en un finisterre geográfico, aunque evidentemente no aislado: un punto de ruptura comercial en definitiva, que desde su posición de centro redistribuidor de materiales finos, especialmente TSH, y desde su papel de centro productor, para lo cual crea esa potente industria manufacturera de CCR. Aquí, el papel de los diferentes talleres, y del necesario artesanado, resulta clave desde época flavia hasta bien entrado el bajoimperio tanto en el entramado urbano como en el económico de nuestra ciudad, sin olvidar esa influencia en el territorio bajo su domino, territorio bajo su jurisdicción directa, con extensión de su influencia por su entorno más o menos inmediato, territorio astur occidental, valle del Duero y en buena parte del convento bracarense, en forma de comercialización directa o, de forma indirecta, mediante reproducciones más o menos afortunadas. Una industria cuyo testimonio arqueológico queda patente en el descubrimiento de numerosos segmentos de talleres alfareros concentrados en la banda norte en época altoimperial y S/SW en épocas más tardías, junto con los hornos, de pequeño tamaño, con 35 y 8 muestras respetivamente, dedicados a la producción masiva de elementos de CCR, cuyo asentamiento viene a ocupar una cuarta parte, aproximadamente, de la ciudad altoimperial. Junto a los talleres y hornos, las fosas, a veces selladas, a veces seccionadas por otras y en cuyos rellenos se han localizado abundantes muestras cerámicas, intactas o marcadas por defectos de cocción pero que, en todo caso, nos indican claramente las morfologías, y las proporciones, manufacturadas en los distintos momentos. En esta producción, y en la consiguiente comercialización a partir de los excedentes generados, de la que hemos de suponer una importante demanda, destacan en época altoimperial los platos engobados, que creemos el principal elemento de mercado, y las imitaciones tardías, engobadas y grises, inspiradas en la TS avanzada que constituye el elemento más característico de este último periodo. En ambos, alto y bajo, la producción y la calidad de los materiales cerámicos manufacturados parecen no decaer hasta, supuestamente, finales del siglo V, cuestión aún por comprobar.


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